Un mar de fueguitos por Franco Casco

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“No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tanta pasión que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca se enciende”

Esta vez el fuego se hizo antorchas en una nueva marcha para exigir justicia por Franco Casco.

Cientos de personas se encontraron en la esquina de la Comisaría 7ma.

Ahí donde Franco fue visto con vida por última vez en octubre de 2014.

Ahí donde la participación de los vecinos del barrio se tambalea entre el encubrimiento y la defensa a la policía, y por otro lado por la necesidad de entender que la propia policía es un problema de inseguridad.

El grito fue por justicia: por prisión y procesamiento a los 27 policías que declararon en las indagatorias. Por el llamado a declarar a los civiles sospechados de encubrimiento.

Franco Casco tenía 20 años. Era albañil. Tenía un hijo chiquito. Le gustaba jugar a la pelota. Cayó a Rosario a visitar a familiares. Una semana después los policías de la 7ma lo detuvieron por portación de rostro, lo mataron y lo tiraron al río.

¿Nos podemos acostumbrar?

Acá estamos. El fuego, a nostrxs, nos enciende.

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