8 años sin Luciano. Jornada cultural contra la Represión Estatal.

LR-31

Es sábado 28 de enero de 2017. El sol raja la tierra sobre la Avenida General Paz, a la altura de General Mosconi, en el partido de La Matanza, provincia de Buenos Aires.

Los bombos, las banderas, las intervenciones artísticas, los colectivos de larga distancia en donde llegan organizaciones sociales, políticas y de derechos humanos de todo el país, ayudan a paliar el escalofrío que corre los huesos al saber que por esa calle corrió Luciano, desesperado, huyendo de otra amenaza de muerte que finalmente se concretaría. Sobre esa avenida Vanesa Orieta, su hermana, explica los fundamentos de una nueva movilización. “La causa por desaparición forzada no tiene ningún imputado, por lo tanto seguimos manteniendo la lucha”, dice. Ocho años y ni un avance certero hacia todo lo que la constitución dice sobre los derechos de los pibes, la justicia y eso que para los pobres parecen utopías. “Exigimos condenas a los responsables materiales, políticos y judiciales”, agrega Vanesa, que también apunta a los medios masivos de comunicación pidiendo “condena en conjunto por ser los responsables de criminalizar la vida de los pibes”. Pero toda esta movida no es solo por Luciano. La marcha, que va desde el punto donde el chico fue atropellado hasta la plaza de Lomas del Mirador que hoy lleva su nombre, está encabezada por familiares de distintas víctimas de las fuerzas de seguridad de todo el país. Están los rostros de los pibes de Rosario: Franco Casco, Pichón Escobar, Alejandro Ponce, Jonatan Herrera, en representación de los jóvenes que en la ciudad santafesina cayeron de a decenas en los últimos años por las balas policiales o desapariciones forzadas. Está también el nombre de David Moreira y Mercedes Delgado, víctimas del mismo entramado social que desprotege a los pobres. Más adelante se une a la marcha Nora Cortiñas, de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, quien en su discurso traza una continuidad de la represión de ayer y hoy, o de siempre. En la plaza Luciano Arruga, sobre el final del día, de forma simbólica se quema la maqueta de un patrullero y la gente festeja: dicen que es la representación de lo que significan las fuerzas policiales en las barriadas populares. Hay una consigna que no es solo discursiva. Es más bien política. “No es violencia institucional, es represión estatal”. Vanesa lo explica: “Cuando se habla de violencia institucional no queda claro que hay un plan ideológicamente armado y que hay represión de parte de los diferentes Estados”. “Hay herramientas propias de la dictadura enquistadas en nuestra sociedad. Naturalizamos que haya personas que sufren encierro, torturas, detenciones arbitrarias, desapariciones forzadas, muertes”, explica y contrapone: “Estas actividades son una forma de mover esas estanterías enquistadas y empezar a generar discusión, poner en crisis esta sociedad y que salga a la luz lo que están viviendo nuestros pibes”.

 

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